martes, 30 de julio de 2013

Gracias, Francisco Bergoglio.

En un mundo con carencia de líderes, con un Mandela en la última etapa de su vida, un Fidel Castro enfermo, un Berlusconi envuelto en escándalos de corrupción, un Chávez que quedó en entredicho, un presidente de los Estados Unidos que no inspira ninguna sensación; apareces tu Bergoglio, y apareces justo de donde nadie esperaba, nacido en el nuevo mundo, con un perfil bajo y un corazón enorme y esa sangre caliente que solo los latinos pueden poseer.

Apareces tu Bergoglio con tu cuenta de twitter, sin tu papamovil, hablando de fútbol como buen argentino que no niega sus orígenes, con tu estela de humildad y tu manto de sencillez que va ganando corazones alrededor del mundo.

Gracias, te doy gracias Francisco Bergoglio por aparecer en el mapa mundial justo cuando nuestra humanidad se encuentra en un punto donde la pasividad, el conformismo, la creencia de que las cosas no pueden cambiar y la falta de líderes que nos digan lo contrario, nos asfixiaban y nos hacían perder la fe en la bondad de nuestro semejante.

Te doy las gracias sin ser católico, te doy las gracias sin pensar en que algún día llegaré a serlo; solo soy un ciudadano, un servidor público obsesionado con un Progreso que progrese, con una comunidad en la que sus habitantes entiendan y crean que podemos ser mucho mejor de lo que hemos sido, que crean en ellos mismos, que si vieran su puerto a través de los ojos de un servidor, se sorprenderían de la fe que tendrían en ellos y en nuestro Progreso.

Gracias por señalar lo que los demás no se atreven, comienzo a admirarte por tu sencillez, por tu rechazo al protocolo estricto, por tus ideales que están logrando lo impensable: romper la brecha generacional y acercarte a los jóvenes, jóvenes de todas las edades, jóvenes que participamos en las redes sociales como un lenguaje universal, jóvenes que nos resistimos a que las cosas "tienen que ser así", jóvenes que soñamos con un mundo mejor, donde la riqueza pueda distribuirse de mejor manera, que pensamos en innovar, en el esfuerzo de uno como una gota que forme parte de un mar de verdadera buena voluntad, que logre levantar esta inercia decadente que nos globaliza, que nos atrapa, que nos desangela.

Te admiro por predicar con el ejemplo lo que tanto enseñó Cristo en las escrituras, por bajarte de ese Olimpo moderno llamado Vaticano, esos excesos groseros, esos lujos innecesarios, y subirte a tu carro de la sencillez, del carisma, de la preocupación por el prójimo, del ejemplo sobre la palabra y del liderazgo, ese, que tanto, tanto necesita nuestra humanidad y nuestro planeta.

Te deseo sigas con ese entusiasmo y esa energía y tus ideas puedan trascender para construir un mundo mejor para nosotros y que podamos contarle a nuestros hijos: "yo viví en la época de un papa diferente, yo viví en la época del papa Bergoglio".